Estamos llamados a ser testigos de la misericordia para otros

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

19 de abril de 2020

Hoy la Iglesia celebra el Domingo de la Divina Misericordia para recordarnos que por la muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, la fuente de la misericordia de Dios se ha abierto para nosotros.

En la segunda lectura (1 Pedro 1, 3-31), san Pedro declara: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su gran misericordia, porque al resucitar a Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse y que él nos tiene reservada como herencia en el cielo”.

En la canonización de sor María Faustina Kowalska, san Juan Pablo II dijo: “Así pues, es importante que acojamos integramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora se designará con el nombre de ‘domingo de la Misericordia divina’...sin misericordia estamos perdidos, todavía en pecado sin poder reconciliarnos con Dios.

Divine Mercy Sunday celebrates the fullness of Christ's mercy ...

Por lo tanto, el Domingo de la Divina Misercordia es una gran oportunidad no solamente para restablecer nuestra relación con Dios, sino que también es un llamado a la unidad fraterna entre todos los seres humanos. El hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que también está llamado a practicar la misericordia con los demás. Nuestro Salvador nos enseñó: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. (Mateo 5, 7).

En el evangelio de hoy (Juan 20, 19-31), específicamente se le pasa a sus discípulos ese ministerio del perdón y la misericordia, cuando Cristo resucitado se aparece en medio de ellos y les dice: “Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados”. Y Tomás, el apóstol, es sanado de su frágilidad, tristeza, dolor y de su falta de fe, cuando Jesús suavemente lo lleva de su obstinado rechazo a creer en la buena nueva de la resurrección, confesando su fe al decir: “¡Señor mío y Dios mío!”.

The Incredulity of St. Thomas by Caravaggio

Habiendo experimentado el mismo perdón y sanación en sus propias vidas, los discípulos se volvieron portadores de misericordia para todos los que recibieron y respondieron a su prédica. Hoy, al igual que en el tiempo de los apóstoles, tenemos mucha necesidad de misericordia y sanación. Cada uno de nosotros debemos comprometernos a ser fuentes de la misericordia para los demás. Perdonar, es sanar. Amén.

¡La paz esté con ustedes!

 

Padre Frank

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